La industria del pvc rebate a green peace

Las críticas al PVC, injustificadas

La patronal de plásticos británica replica que no existe ninguna evidencia ni justificación para las acusaciones de Greenpeace contra el PVC

La British Plastics Federation (BTF), la patronal británica de la industria de plásticos, ha hecho público un documento para rebatir los argumentos de Greenpeace. Las campañas de Greenpeace en contra del PVC se basan, sostiene BTF, en inexactitudes, informaciones obsoletas y afirmaciones emocionales que no superan la más mínima prueba crítica.

La organización ecologista Greenpeace remitió, el pasado 9 de mayo, una carta a los máximos responsables ejecutivos de las principales empresas en la que se afirmaba que existían considerables evidencias que mostraban que la fabricación, utilización y vertido del PVC es un riesgo para la salud humana y de las personas. Greenpeace hace años que hace campaña pública en contra del PVC, sobre todo en Alemania y Países Nórdicos.

El argumento más nuevo y principal del actual ataque contra el PVC es que no sólo afecta negativamente al medio ambiente sino que también daña a las personas y animales y, específicamente, al aparato reproductor masculino. La campaña de Greenpeace fue especialmente intensa en Gran Bretaña el pasado mes de mayo, lo que motivó que la federación de industrias de plásticos de aquel país, la BTF, respondiera punto por punto las acusaciones de Greenpeace. Las afirmaciones que vienen a continuación están sacadas de ese documento de BTF hecho público el pasado mes de junio.

Un libro controvertido

Para BTF, Greenpeace no hace más que aprovecharse de la publicación en Gran Bretaña de un libro americano titulado Our Stolen Future (nuestro futuro robado) y escrito por Theo Colborn, Dianne Dumanoski y John Peterson Myers. Este libro intenta demostrar que existe un vínculo entre las anomalías detectadas en los órganos de reproducción de los animales y el hombre y la exposición a sustancias químicas hechas por el hombre. El libro, según BTF, ha sido mal acogido por la crítica en Estados Unidos porque se basa en información fragmentaria. Para BTF, «no existe ninguna evidencia que permita afirmar que el PVC entraña un riesgo para los personas o los animales».

El semanario económico Business Week, al comentar el libro el pasado 8 de abril, dice que con su utilización selectiva de datos, su lógica dudosa y sus afirmaciones categóricas, Our Stolen Future acaba por hacer un mal servicio a su propia causa. Otro comentario de una academia médica americana citada por BTF asegura que el libro es una hipótesis enmascarada como hechos.

 

España es ptracticamente autosuficiente en materia de PVC. Fabrica todo lo que consume.

Lo que no dice Greenpeace -asegura BTF- es que el PVC salva vidas. El sector sanitario es un mercado importante para el PVC, que se emplea para las bolsas de plasma sanguíneo, los catéters y los tubos de las diálisis. Es ampliamente utilizado en la construcción por su excelente comportamiento frente al fuego. Su contenido de cloro hace que sea un supresor efectivo del fuego y, por ejemplo, es el único material aprobado para su uso en las minas de carbón como cinturón de seguridad.

Producción no tan peligrosa

En un documento sin fecha, Greenpeace sostiene que los organoclorados son uno de los grupos químicos más peligrosos y por eso se debe parar su producción. Según BTF, en el Regulatory Toxicology and Pharmacology (número 1, volumen 20, agosto de 1994) se publica un informe que afirma lo contrario y suscrito por un panel de expertos que han investigado extensamente el tema de los efectos adversos potenciales de los químicos orgánicos clorados en la salud humana y el medio ambiente. Los lectores de este informe enciclopédico se convencerán, dice BTF, de que la mera presencia de cloro en una molécula no confiere necesariamente propiedades tóxicas únicas de potencial bioacumulativo. La amplia gama de problemas medioambientales no pueden ser debidas a una sola causa de riesgo, aclara la federación británica.

Según Greenpeace, el PVC no puede ser fabricado sin producir dioxinas, una sustancia tóxica que se sabe que afecta a la producción de hormonas y que ha sido claficiado como probable cancerígeno por la US Enviromental Protection Agency. Para BTF, la campaña de Greenpeace contra la industria del PVC en lo que se refiere a dioxinas es totalmente injustificable. No sólo no hay evidencia de relación entre los niveles de dioxinas y la actividad industrial en general sino que las dioxinas han estado presentes en la atmósfera desde que el hombre creó el fuego, dice la federación. Además, las dioxinas son compuestos que se forman de modo natural como, por ejemplo, en las erupciones volcánicas y en los incendios forestales.

Ignorancia sobre las dioxinas

Greenpeace, aclara BTF, ignora las investigaciones realizadas sobre las dioxinas, que muestran que existen una amplia gama de fuentes industriales y no industriales de generación de dioxinas: incineración, evacuación de humos por el tubo de escape de los vehículos, barbacoas y otros. Dentro de todo el proceso de producción del PVC, desde la transformación de sus dos materias primas básicas, el cloro y el etileno, hasta la serie de procesos que culminan en la fabricación del producto acabado, el único punto donde se pueden formar potencialmente dioxinas es en la conversión de dicloruro de etileno (EDC) en el monómero de clorovinilo (VCM). Si se producen dioxinas en cantidades de trazas, se capturan en el interior del proceso y se destruyen. Sólo una cantidad minúscula puede ir a parar al medio ambiente. Según el estudio publicado en septiembre de 1995 por Her Majesty’s Inspectorate of Pollution sobre las emisiones de dioxinas, la cantidad de dioxinas vertidas al medio ambiente durante la fabricación de químicos halogenados en su conjunto es extremadamente bajo.

Existen tres empresas productivas de PVC en Espa&natilde;a, que constituyen el Grupo PVC de Anaip.

También es inexacto que Estados Unidos haya clasificado las dioxinas como probable cancerígeno. Según BTF, se trata de un comentario de una agencia gubernamental que dice que se podría concluir con mayor confianza que las dioxinas son un probable cancerígeno pero no es una opinión ampliamente compartida. La Academia de Ciencias Francesas, poco después del comentario americano concluyó que no había evidencia de que las dioxinas fuera un riesgo serio para la salud humana.

Plasticidas degradables

Greenpeace también asegura que el uso del PVC genera polución porque los ftalatos van a parar al medio ambiente durante la fabricación del material y cuando son enterrados en vertederos. Los ftalatos hacen posible que el PVC sea flexible y no están presentes en el PVC rígido como el de las botellas, tuberías o perfiles ni en las películas que sirven para envasar alimentos. Los plasticidas, dice BTF rebatiendo a Greenpeace, son fácilmente fotodegradables y biodegradables y raramente persisten en el medio ambiente porque son metabolizados por los sistemas biológicos de los peces, animales y humanidad y, por eso, son difícilmente bioacumulables.

Los ftalatos provocan, sostiene Greenpeace, transtornos hormonales. Para BTF, este tema del transtorno endocrino ha aparecido en los medios de comunicación como resultado del libro Our Stolen Future. Es preciso tener muy claro que las evidencias sobre tendencias reproductoras son altamente debatibles: unos estudios muestran que las cantidades de espermatozoides en el semen del hombre suben y otros que bajan, dice la patronal de la industria de plásticos británica. Y sentencia que aún no se ha acordado un método de verificación del comportamiento de estos químicos respecto al transtorno hormonal potencial. Los resultados hasta ahora indican que los efectos de los ftalatos sobre las especies salvajes y sobre el hombre son altamente especulativas. Muchas autoridades han hecho afirmaciones o suministrado información que contradice los postulados de Greenpeace, dice BTF citando varios ejemplos.

El «downcycling» del PVC

El re-ciclado del PVC es, de hecho, un bajo-ciclado (downcycling), dice Greenpeace. BTF contesta que el término downcycling es subjetivo. La relalidad es que en 1995 se reciclaron en Gran Bretaña 10.700 T de PVC y gran parte del material reciclado desplazó al material virgen en nuevos productos. Desde un punto de vista técnico, asegura BTF, es relativamente fácil reciclar PVC, solo o en combinación con otros plásticos

Respecto a la afirmación de Greenpeace de que el comité medioambiental de Suecia considera que el PVC no puede recomendarse con la tecnología actual, BTF responde que el comité quedó desacreditado cuando un grupo de científicos independientes y académicos criticaron la debilidad de los argumentos expuestos.

Otro punto que BTF considera que se ha tergiversado por Greenpeace es la generación de dioxinas en la incineración de residuos sólidos urbanos. Todas las sustancias que contienen cloro tienen potencial para formar dioxinas, incluso el cuerpo humano, y estudio tras estudio ha demostrado que la presencia o ausencia de PVC en un incinerador no influye en el nivel de dioxinas emitidas.

Un estudio de Smit en 1994 concluyó que la cantidad de PVC en los procesos de incineración de basuras municipales no incluía o tenía poca incluencia. Un máximo del 10% del cloro de los residuos se convierte en dioxinas; como las basuras tienen mayor proporción de cloro, de cualquier manera se forman dioxinas en el proceso de incineración. Por ello, afirma BTF, se necesitan medidas muy estrictas en las incineradoras para que no formen dioxinas, incluso si se prohibiera la entrada de PVC.

Ningún país prohíbe el PVC

Debido a la evidencia, Greenpeace afirma que varios Gobiernos se mueven hacia la prohibición del PVC y otras sustancias orgánicas cloradas. En cambio, BTF asegura que no existe ningún país en el mundo donde el PVC como material esté prohibido. Los Gobiernos que han iniciado investigaciones lo han hecho como respuesta política a una campaña de presión antes que como resultado de una evidencia científica. En los países donde se ha hecho una revisión seria del tema, como Alemania, a nivel gubernamental, la conclusión ha sido favorable al PVC. Además, dice BTF, cuando la investigación detallada en Alemania de las quejas de Greenpeace se han encontrado incorrectas, varias autoridades locales han quidado sus propias restricciones iniciales al uso del PVC.

Es cierto, dice BTF, que en Suecia y Dinamarca algunos elementos de la sociedad políticia forman un grupo de presión anti-PVC. El PVC se ha convertido en una especie de campo de fútbol político pero, a pesar de la retórica, no se ha tomado ninguna decisión. A nivel de la Unión Europea, hubo una oportunidad para limitar el uso del PVC cuando la directiva de residuos de envases fue publicado en diciembre de 1994. Pero, a pesar de las intensas campañas de presión para limitar el uso del PVC en los envases la directiva se aprobó sin ninguna limitación al no existir ninguna evidencia científica.

La conclusión que Greenpeace hizo llegar en la carta a los directivos el pasado 9 de mayo fue que el PVC está rodeado de evidencia científica que establece que existe un serio riesgo medio ambiental y que como principio de precaución se debe tomar una decisión. BTF suscribe el principio de precaución cuando se demuestra que el uso una sustancia, utilizando métodos de verificación formales, entraña riesgos inaceptables.\n\nEn el caso del PVC, concluye BTF, existen credenciales comprobados de rendimiento, seguridad y protección medioambiental. Fue sintetizado por primera vez en 1872 y desarrollado comercialmente en los años treinta. Es uno de los materiales más investigados y conocidos por el hombre.

  • En el caso del PVC, concluye BPF, existen credenciales comprobados de rendimiento, seguridad y protección medioambiental
  • Los resultados hata ahora indican que los efectos de los ftalatos sobre las especies salvajes y sobre el hombre son altamente especulativas.
  • No sólo no hay evidencia de relación entre los miveles de dioxinas y la actividad industrial en general sino que las dioxinas han estado presentes en la atmósfera desde que el hombre creó el fuego
  • Un estudio de Smit en 1994 concluyó que la cantidad de PVC en los procesos de incineración de basuras municipales no influía o tenía poca influencia

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